La primavera es una actitud

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El colgante Primavera, de Fauna y Flora, llegó a mi vida en un momento muy especial. Cuando lo recibí hacía meses que mi chico me había regalado otro de esta firma, concretamente el de las montañitas nevadas y lo había hecho con el propósito de que retomara este rincón ártico. Así que sabía que la elección esta vez tampoco era baladí y que, sin decirlo, me estaba animando a seguir soñando con la vida conectada con la naturaleza que ambos añorábamos. 

Recuerdo perfectamente cuando descubrí este collar de Marta y Óscar. Era domingo, estaba tirada en el sofá y tenía uno de esos días tontorrones. La pequeña descripción que acompaña las fotos me despertó la morriña y ese runrún que hacía años que me daba vueltas muy adentro. Cuentan que es una de sus creaciones más especiales porque surgió tras un paseo por el bosque, en el que recogieron una pequeña ramita que fue la inspiración para esta pieza que guarda la esencia de la primavera. Una bonita forma de recordarnos que no es sólo la estación que comienza en marzo, sino también una actitud ante todo lo que nos rodea y ocupa la mente. 

 

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Este collar tan delicado más que un regalo, fue una declaración de intenciones. Por eso me gusta tanto ponérmelo porque me recuerda que, guiados por la intuición, dimos un paso hacia adelante y cambiamos la urbe por lo rural y los horizontes de ladrillos por árboles que brotan y pierden ramas. 

Hay gente que admira a las personas que tienen un trabajo que les reporta dinero, éxito, reconocimiento; yo sin embargo admiro a quienes como Marta y Óscar (y el pequeño Tom) han sabido escucharse y crear el tipo de vida que les hace feliz. Aún me queda mucho camino por recorrer, pero cada día siento que estoy más cerca de la senda que me llevará a equilibrar trabajo, vida y sueños. 

Centro de mesa decorativo para Halloween

La primera vez que me invitaron a una fiesta de Halloween fue recién aterrizada en la universidad. Hasta ese momento, nunca había oído que el 31 de octubre se celebraba en España como lo hacían en las series americanas que veía en La 2. Imagino que ésta fue una de las “brechas” propias del entorno rural, mientras los niños urbanitas de mi generación se disfrazaban de zombies, los de los pueblos acompañábamos a nuestras madres y abuelas en el día grande de los cementerios. 

Después de disfrazarme esa primera vez con lo primero que pillé en casa, no he vuelto a caracterizarme de ningún espíritu o personaje terrorífico. De hecho, no decidí añadir esta fecha a mi listado de celebraciones hasta el día en el que el timbre de mi casa sonó y, tras un susto de muerte, abrí la puerta y me encontré con una decena de niños suplicándome en silencio su ración de dulce. Desde ese día, hace ya cinco años, siempre dejo preparado el cuenco de gominolas, preparo una cena especial y veo “Pesadilla antes de Navidad” bajo una manta en el sofá. 

 

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Este año casi todas las fechas señaladas están siendo diferentes porque las estoy viviendo con nuevas rutinas. Así que Halloween no podía ser de otra forma, por eso ayer aproveché para pintar una calabaza del huerto y recoger unas cuantas hojas que me han servido para hacer un pequeño centro de mesa decorativo. Es muy sencillito, pero en esta casa a todos nos gusta (incluidas las dos fieras gatunas) porque nos recuerda lo bien que nos sienta estar rodeados de naturaleza. 

 

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¿Y tú, cómo celebras la noche más terrorífica del año?

Expedition Happiness o cómo dejarlo todo para vivir sobre ruedas

Este 2016 he pasado por varias mudanzas que me han enseñado que una buena estrategia vital es aligerar la mochila y aprender a vivir con lo indispensable. Haz el ejercicio de pensar qué objetos, de los que te rodean, elegirías en el caso de que sólo pudieras vivir con un par de maletas. Verás que necesitas muy poquito y que la mayoría de lo que conservas a tu alrededor no es más que atrezzo. 

El proyecto con el que me topé hace unos días demuestra a la perfección que la felicidad no está en lo material. Ni siquiera en una latitud precisa. Está en saber encontrar el equilibrio entre aquello que nos gustaría que fuera nuestra vida y los esfuerzos diarios que hacemos para llegar a ese objetivo. Hay quien lo llama espíritu aventurero, yo prefiero denominarlo toma de decisiones.  Detrás de Expedition Happiness está la ilusión de una pareja joven que decidió desprenderse de lo accesorio para darle un giro a su vida. Todo partió de la compra de un autobús escolar que han convertido, con sus propias manos, en un auténtico loft sobre ruedas. 

 

 

Como proyecto de decoración me parece fascinante. Transformar un icono del diseño como es el típico autobús escolar amarillo en un hogar implica una maestría bárbara a la hora de aprovechar al máximo el espacio y la luz. La distribución de estancias está muy bien conseguida porque han creado una zona noble, compuesta por la cabina, salón y cocina; y una zona más privada, que cuenta con un servicio, una ducha y un dormitorio. El estilo elegido ha sido el nórdico, ideal para amplificar espacios, y la máxima del diseño elegida ha sido “menos es más”. 

 

 

 

No sé si seré la única que se imagina tumbada en esa cama con un pijama calentito, un té hirviendo y el Kindle a mano. Siguiendo la aventura de Félix y Mogli he decidido incluir en mi lista de “cosas que hacer antes de los 40” el epígrafe : alquilar una caravana e iniciar, sin planificación, un road trip. No me vendría nada (pero que nada) mal alimentar el espíritu aventurero. 

 

Fotografías: Expedition Happiness