Un gif de Thoka Maer para cada estado de ánimo

Hay días en los que una lo único que espera es que llueva. Como si los fenómenos meteorológicos se pudieran programar como se programa el horno. O la alarma. O los tweets. Haberme criado en el norte, donde en un mismo día puede llover, tronar y hacer sol, puede que me haya hecho ansiar una sincronización anímica-atmosférica. También es muy probable que la creciente personalización que trae consigo la tecnología me haya hecho mucho daño. ¿Cómo puede ser que Spotify tenga listas para estados de ánimo que no sabía que existieran?

 

Últimamente pienso que si hubiese tenido el valor de continuar con un doctorado ahora mismo haría la tesis acerca de la posibilidad real de comunicación a través de emoticonos, o en mi caso, gifs. Creo fervientemente que existe una imagen animada para todo aquello que necesito expresar a los demás. Bien sean necesidades primarias, sentimientos o esos gags humorísticos que adornan la vida. Todo cabe en una sucesión cronológica de imágenes, aunque la mayoría de teóricos que tuve que leer en la carrera me tirarían a la hoguera por realizar esta afirmación.

 

 

Esta semana comenzó complicada y he pensado mucho en lo difícil que debe ser afrontar determinadas situaciones, como podría ser el duelo por la pérdida o separación, en una era en la que estamos tan acostumbrados a proyectarnos más allá de la esfera física. Cómo realizar esa transición de emociones en, por ejemplo, dos imágenes sucesivas de Instagram. Nos han enseñado a mostrar lo idílico de nuestras vidas, pero aún cuando no sabemos manejar el dolor en lo terrenal, nos topamos con el reto de hacerlo en lo digital. Dónde quedan las fotos de parejas que ya no son, de personas que ya no están o de mascotas que ya no nos sorprenden con sus lametazos.

El único consuelo es que la velocidad de escape, esa velocidad mínima con la que debe lanzarse un cuerpo para que huya de la atracción gravitatoria de la Tierra, cada vez tiende más a cero. De modo que el día que entendamos que todo es efímero habremos descubierto (por fin) la fórmula de la felicidad.

 

Aviso a navegantes: este post no es más que una concatenación de reflexiones escritas con el pretexto de mostrar mi admiración por las ilustraciones animadas de Thoka Maer ♡ 

La Casa Azul, el universo sagrado de Frida Kahlo

 

Un día como hoy, 13 de julio de 1954, a los 47 años de edad, moría en su ciudad natal (Coyoacán, México) Frida Kahlo, la artista, la poeta, el símbolo, una de las mujeres que más admiro 💛

Había organizado el día para sacar un ratito para el blog y, destino mediante, me he topado con esta efeméride. Así que en homenaje a Frida dedicaré estas líneas a visitar el lugar en el que sufrió, amó, dibujó, escribió: la Casa Azul. Era el espacio al que siempre regresaba, no obstante, sus paredes fueron testigos de su nacimiento y muerte, ¿acaso hay algo más íntimo que el momento de venir y abandonar el mundo? Ubicada en la calle de Londres 247, en uno de los barrios más bellos y antiguos de la Ciudad de México, la Casa Azul fue convertida en museo en 1958, cuatro años después de la muerte de la pintora. Dicen quienes han tenido el privilegio de visitarla (ojalá pudiera pisar sus suelos algún día) que a pesar de ser un espacio turístico, aún conserva un aura especial que hace pensar que en La Casa Azul no solamente se quedaron sus objetos, sino la esencia de la artista. 

 

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En La Casa Azul el hogar se vertebra en torno al patio. En él, Frida conservaba una vegetación muy rica, principalmente de árboles frutales, la cual tiene una gran presencia en sus cuadros. La naturaleza como icono de lo efímero de la vida. De hecho, una de sus frases más icónicas es “Pinto flores para que así no mueran”. Diego Rivera amaba el arte prehispánico y muestra de esta querencia es la decoración de los jardines donde se pueden encontrar piezas del arte popular realmente valiosas. 

 

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Los colores no sólo están presentes en sus obras, también en su casa. La cocina es bellísima, típica construcción mexicana en la que cuelgan ollas de barro y cazuelas de sus paredes. Tanto Diego como Frida disfrutaban abriendo las puertas de su casa para agasajar a sus invitados con platos de la cocina mexicana y popular. Personalmente, me encanta el detalle de sus nombres escritos con caracolas del mar. 

 

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El estudio de Frida se mantiene tal y como ella lo dejó. Conserva sus pinceles, los pigmentos con los que aportaba colorido a sus cuadros, su caballete y su silla de ruedas. Este anexo de la casa se construyó años después por petición expresa de Diego Rivera, quien quería que su mujer disfrutara de un taller que exprimiera al máximo la luz. Los materiales utilizados fueron los propios de esta zona del país mexicano: piedra volcánica y basalto. Para la decoración, una vez más optaron por llenar las paredes de caracolas y por utilizar objetos de su amplia colección de arte popular mexicano. André Breton, Tina Modotti, Edward Weston, León Trotsky, Juan O´Gorman, Carlos Pellicer, José Clemente Orozco, Isamu Noguchi, Nickolas Muray o Sergei Eisenstein fueron algunas de las personas que pudieron visitar a Frida en su taller mientras ella expresaba en los lienzos sus vivencias y sentimientos. 

 

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Si hay un lugar realmente especial en La Casa Azul es su habitación. Creo que lo primero que supe de Frida siendo bien pequeña fue que, tras el grave accidente que sufrió en un autobús, su madre le puso un espejo en el techo de su cama para que pudiera verse y retratarse en los más de nueve meses que estuvo postrada. ¡Debió sufrir tanto en este espacio en el que pasó horas dibujando, tratando de recuperarse de las más de 35 operaciones! Me parece increíble que en unos pocos metros convivan objetos del dolor -como sus corsés y muletas-, con otros como sus batines, tocados de flores, gafas de sol o lacas de uñas, que muestran su coquetería. 

Creo que nunca me cansaría de ver con detalle cada una de las fotos, postales, bocetos, cuadros o ropas que pertenecen a Kahlo. Hay algo que la envuelve que me parece mágico, aunque no sepa muy bien qué es.

 

Fuente de las fotografías: Belén Imaz | Revista AD

 

30 cosas que aprendí con 30

El domingo cumplí 31. Sabía que iba a ser un año importante, pero desconocía la de enseñanzas que traerían consigo estos últimos doce meses. Para dar comienzo a esta nueva etapa quiero dejar por escrito las 30 cosas más importantes que aprendí a los 30:

 

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  1. “Todo comienzo es inesperado”, ya lo escribió Pessoa.
  2. Lanzarse a la piscina, aún no sabiendo si hay agua, es de valientes.
  3. Lo material no alimenta el alma.
  4. Querer que los demás actúen como tú lo harías es un error.
  5. Fuera horóscopos. Las decisiones son las que marcan tu destino. 
  6. Quien bien te quiere te animará a que vivas asumiendo riesgos. 
  7. La vida es finita.
  8. La clave está en trabajar para vivir, no en vivir para trabajar. 
  9. No es inteligente fustigarse con defectos. 
  10. Sólo depende de mí estar bien. 
  11. Saber recibir ayuda es mi asignatura pendiente. 
  12. Necesito tomarme en serio el deporte.
  13. Le debo un té a Marie Kondo y su magia del orden.
  14. Los viernes de series, sofá y pizza siempre estarán en mi top 5. 
  15. Si te lo propones, se puede reinventar cada día una relación de más de una década. 
  16. Salir de la zona de confort por la puerta grande es duro, pero sabe muy bien.
  17. Las quejas no llevan a ningún lugar. 
  18. El amor que te brindan los animales es incondicional. 
  19. Los horizontes de ladrillo no son para mí. 
  20. Por más que me preocupe, lo que ha de suceder, sucederá.
  21. Hay muchas formas de vivir la maternidad. 
  22. Tengo más paciencia de la que creía.
  23. Debo dedicarle más tiempo a aquello que me gusta.
  24. Se puede escuchar hasta la saciedad “Sirena vuelve al mar” de Héroes del Silencio. 
  25. Las vidas no son tan perfectas como refleja Instagram.
  26. Mi mejor guía es la intuición.
  27. Cambiar de ciudad es el primer paso para mudar la piel.
  28. Los grandes cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida.
  29. El mar lo cura todo.
  30. Los 31 serán un año (aún) mejor porque sólo depende de mí que así sea.

 

Nueva edad. Nueva ciudad. Nueva casa. Nueva web. 

El año del cambio seguro que me tiene reservadas muchas aventuras que compartir por aquí.